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Cinco de la mañana, y este humilde servidor separaba sus pestañas con el dolor de su alma y se tambaleaba rumbo la ducha para salir presto camino a la parroquia, punto de encuentro para quienes, dejando de lado recuerdos de tortuosas caminatas previas e inspirándonos en la clásica canción que reza: “Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor”, se disponían a caminar los 27 kilómetros de tierra, sol, polvo, cantos y oración que conforman la Peregrinación al Santuario de Santa Teresa de Los Andes. Llegué a las 6.20 am, atrasado, y para mi sorpresa entro al templo y veo una multitud (las cosas acá se suelen hacer más tarde de lo habitual, he aquí el porqué de mi sorpresa). Me acerco a Alejandra, veo la lista y noto que, de hecho, sólo faltan diez personas. Debido a este éxito logramos salir cerca de las 6:40, luego de un mix de Padre Héctor, conjugando datos prácticos, arenga y la bendición a los peregrinos.
La delegación estaba conformada por unas 55 personas, un número destacable de la ComJuv de San Patricio, unos cuantos de la parroquia N. S. de las nieves e invitados de la cercana parroquia N. S. de Apoquindo. Luego de enfrentar una tremenda congestión en la proximidad del inicio de la ruta y tras una larga espera, pudimos bajarnos del bus,estirar las piernas, respirar hondo y dar los primeros pasos rumbo a la primera estación, cerca de las ocho y media. El sol se asomaba y golpeaba a grandes luces, apuesto a unos 28ºC. Las primeras estaciones iban en contra de la fuerza de gravedad, y una suave pero insidiosa pendiente dificultaba nuestro andar e hizo estragos rondando la cuarta estación. Ese fue el lugar en que, como de costumbre, nos detuvimos para almorzar, y para descansar los agarrotados músculos y las resentidas articulaciones. Mientras devorábamos el cocaví saludamos a algunos amigos presentes en la estación, que animaban a los peregrinos (oímos los clásicos “falta poco”, “no hay cansancio” y “vamos que se puede”, que sacan de quicio a cualquiera que esté caminando) y nos cantaban lindas canciones.
Retomamos el ritmo pasados unos 10 o 15 minutos, rumbo a la cumbre. Nos aguardaban dos estaciones aún para alcanzarla yla situación era, para muchos, crítica: dos de los nuestros sucumbieron al fragor de la batalla y se quedaron en la cuarta estación esperando el bus de arrastre. A esa altura ya habíamos rezado juntos el rosario y las conversaciones entre 2 o 3 se multiplicaban por todos lados, la fraternidad se cultivaba, creábamos y refrescábamos amistades, conscientes de nuestro destino común modelados por la santa chilena, Teresita.
La imagen de Teresita, su mensaje, su carisma, inundaba el clima de peregrinación y nos sumergía en la simpleza de aquella niña-mujer que obró santamente desde su monasterio, aquel que horas más tarde nos recibiría con sus brazos abiertos.
Una vez alcanzada la cumbre, terminaba lo peor, como una metáfora de la vida: una vez que se ha sufrido, se contempla luego la gloria de Dios, se descansa en su paz y se regala la felicidad. Los 18 Km restantes, caminados con igual intensidad (pero con más cansancio), tuvieron un grato regalo, el viento del valle y unas cuantas nubes que nos filtraron el azotador sol de octubre.
Arribamos al santuario con nuestra bandera ondeando en lo alto, representando a toda la comunidad parroquial. Nuestra llegada fue cerca de las 17.20, escasos minutos antes de la misa, que fue presidida por el cardenal, acompañado de numerosos sacerdotes y seminaristas. El final de la misa tuvo broche de oro: la bendición fue dada nada menos que con el Santísimo Sacramento expuesto ante la multitud de peregrinos, enviados a la gran misión juvenil 2005 y a regalar el insondable amor de Dios a todos los pueblos, como testimonio de nuestra comunidad de discípulos de Jesús.
Como nunca antes, estábamos todos muy temprano en el bus y pudimos regresar con luz de día, saliendo de los primeros del santuario (cosa realmente inaudita), para posteriormente llegar a nuestras casas, llenos de polvo, con la piel roja y el corazón lleno. a darnos el baño y el descanso tan ansiado.
En resumen fue una experiencia grandiosa, en una comunidad de hermanos tras los pasos de una santa humilde y sencilla. ¡Nos vemos el próximo año!
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