"Una navidad un poco más distinta" diría Padre José, respecto de lo que se nos ocurrió hacer para este 25 de Diciembre. Tanto así que nos prestó (a regañadientes, pero compartiendo de corazón nuestra intención) la Kombi, furgón de mil batallas. ¿De qué hablo? Les cuento…
Esta Navidad un grupo de unos 20 jóvenes nos juntamos en la Parroquia a una hora bastante inusual: una y media de la mañana. ¿El motivo? Salir a compartir la Nochebuena con aquellos que están más desamparados, aquellos para los que la Navidad es un día más, donde la preocupación es sobrevivir más que celebrar.
Una vez que el grupo se hubo constituido, y provistos de sándwiches, café, jugo y algunas prendas para regalar, comenzamos el recorrido, haciendo una "operación rastrillo" por los barrios en que pudiéramos encontrar a gente sola. Gente sola, claro, porque a esa hora (ya era alrededor de las 2.30 am), muchas patrullas ya habían recorrido sitios emblemáticos como el Mercado Central, Mapocho o General Velásquez, acompañando a grupos de almas aglomeradas en esos lugares. Por esta razón, nuestra tarea fue doblemente difícil: la mayor parte de las sombrías y lejanas calles que recorríamos estaban vacías. Pasamos por barrios y lugares como el Parque Almagro, Meiggs, Bascuñán Guerrero, orillas del Zanjón de la Aguada, Club Hípico y Beaucheff, en busca del Cristo que sufre.
Finalmente, fue en este último lugar, en un lindo y bien cuidado parque, donde permanecimos la mayor parte del tiempo, compartiendo y conversando hasta el amanecer con tres personas, que dormían bajo los árboles o en las escalinatas de imponentes edificios. Más tarde una parte de nosotros nos dirigimos a la Vega Central. Esta parte de la ciudad ya estaba despierta y trabajaba, ignorando el feriado. Finalmente, nos dejamos caer por escasos instantes en el Parque Forestal, con luz de día, para acompañar a dos hombres más. En total, saludamos y acompañamos a sólo unas doce personas durante la noche. Considerando que nosotros éramos veinte personas, el saldo parece ser de fracaso...
Pero ¿cómo hablar de fracaso, si con tan sólo una persona que pudiera hacer pasado una noche más cálida e iluminada por Dios se justificaban todos nuestros esfuerzos? Al contrario, el Señor mismo nos deja con gusto a poco para que repitamos estas instancias y trabajemos por evitar estas injusticias sociales, de modo que algún día no haya necesidad de tener que visitarlos y asistirlos en la calle, sucia e indigna para hijos de Dios.
No puedo dejar de hacer notar un punto clave, que nos debe mover a la reflexión. Muchos de los que participantes eran jóvenes de 15-16 años, que aún están en el proceso de confirmación. Muchos de ellos también serán parte de la misión ad gentes de este verano. Por sobre la ausencia de jóvenes mayores, quiero expresar mi enorme satisfacción de ver como estas nuevas generaciones manifiestan con obras la Fe que vive (o empieza a vivir) en sus corazones.
Espero que iniciativas como éstas se multipliquen, inundados por el espíritu misionero, trascendente, aquel que con la gracia de Dios alegra corazones, produce gozo y da paz a quienes reciben a quienes están dispuestos a donar un poco de su tiempo para construir en el mundo el Reino de Dios.
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