Nos preciamos en presentar la genial y humilde colaboración de Alejo Sepúlveda, quien sin pagos ni viáticos de por medio, realizó una sabrosa crónica de los días de Kerygma, allá en Buenos Aires. Ideal tanto para quienes fueron como para quienes todavía no tienen idea, a estas alturas, qué fue el famoso Kerygma.
Pasar dos días sobre un pullman “Palmira”, a cambio de un poco más de 72 horas de estadía, es un sacrificio que vale la pena vivir cuando las cosas se hacen bien, pero sobre todo cuando la presencia de Dios se palpa en cada momento.
En el preámbulo del encuentro se responden todas las dudas que surgen antes del viaje. En algunos predomina la ansiedad, otros que asumieron algunas responsabilidades se muestran algo nerviosos, pero decididos a entregar lo mejor. En ese contexto asumo la función de reportero oficial – dejo por un momento la condición de cesante ilustrado – con mi nuevo jefe. Checho, director del medio, me asigna la dura tarea de estar atento a todo lo que pase, con tal de elaborar una crónica decente y publicable, es mi primera experiencia fuera del país. Ni tan lejos tampoco, pero en condiciones poco acordes al curriculo que presento. Es lo que hay: nada de viático, sin un seguro de vida, y ni siquiera pilas para la grabadora..., pero el que sabe sabe... y el que no es jefe.
Pasar la frontera no ha significado lo que en realidad debiera ser. No más complejo que un trámite bancario e incluso eludible entre tantos que bajan del bus, basta presentar la cédula de identidad y esperar que timbren la visa. Noto que en algunos se despiertan sensaciones de nacionalismo, el “ceacheí” se escucha con frecuencia, pero se va apagando en la medida que nos adentramos en la pampa argentina. Ya en la primera parada hay compatriotas que transan el acento y comienzan a adquirir conductas rioplatenses. Es momento de lavarse la cara, tomar desayuno y comenzar a interactuar con los trasandinos.
-Me da una Coca Cola, un sandwich de jamón con queso, un Malboro Light y un encendedor – le digo a una vendedora del primer servicentro YPF que encontramos.
-Son nueve con cincuenta – me responde luego de pasar la cajetilla por la máquina que lee el código de barra. Paso un billete de 10 pesos y saco la cuenta de forma mental. Nueve por dos dieciocho, más medio peso... son mil novecientos en moneda nacional.
Como el dinero sale de mis ahorros encuentro cara mi primera compra, si hubiese sido cancelada con el viático otra sería la historia. De nuevo arriba del bus, cada hora que pasa significa pilas desgastándose en el discman y menos kilómetros para llegar a la Casa San José. Predomina el verbo compartir, nadie puede sacar de la mochila algo exquisito, preparado sólo por una abnegada madre, sin ofrecer por lo menos al entorno más próximo. Vemos salir el sol y el ocaso, para, previo paso por el iluminado centro de Buenos Aires, – Obelisco incluido -llegar al epicentro del sitio donde se va a vivir en las siguientes horas.
El lugar es similar al Campus San José de Curacaví, claro que acá las dimensiones se multiplican por un factor desconocido, que algún matemático podría determinar. Alejado de la cuidad, presenta las condiciones ideales para tener una experiencia única, irrepetible y enriquecedora. Ya instalado en una suerte de galería, que había visto antes en aquellos reportajes que la televisión muestra desde el interior de la penitenciaria de Santiago, no queda más que entregarse a la voluntad de Dios, rogando por un plato de comida casera, aburrido de las provisiones que se pueden digerir luego de 24 horas sobre el bus.
La delegación chilena es la primera en llegar, sé que la componen 45 personas, incluyendo al Padre Héctor y al Hermano Javier, esto por que me ha tocado contarlos luego de las paradas. También tengo claro que la mayoría del grupo lo componen integrantes de los diferentes grupos de la pastoral juvenil de la Parroquia San Patricio. A ellos se suman los de la Parroquia Nuestra Señora de las Nieves de Santiago, Nuestra Señora de la Esperanza de Valparaíso y una terna que representa al Colegio San Patricio, incluyendo al profesor de música, sin duda “lo más grande de la docencia nacional” (conclusión que obtengo a las pocas horas de haber compartido con él, gran tipo el profe).
Los alimentos que nos preparan cumplen a la perfección con nuestras demandas, en la elaboración hay esfuerzo, arte y por sobre todo cariño, lo que de alguna manera representa el trabajo que ha significado para los organizadores este encuentro. Valga en esta etapa del reportaje un agradecimiento a la gente que colaboró con el servicio del Kerygma. Trabajo duro, sin recompensas económicas, pero observado en detalle por el “Barba” de arriba, quien finalmente premia estas conductas de altruismo.
El descanso es merecido, a no ser por los personajes que, sorprendentemente, comienzan a darse a conocer pasada la medianoche. Sobre un escenario improvisado lanzan la mejor artillería de chistes, guitarra en mano afinan las gargantas y no denotan cansancio a la hora de improvisar una fiesta comunitaria. Conductas propias de la juventud, lo que me hace reflexionar: ya no estoy para esos trotes.
Previo al inicio oficial del encuentro hay un par de salidas de corte turístico, conocemos el centro de Buenos Aires, se pueden hacer compras, obtener fotografías y compartir con el grupo de turno. Los intereses de cada grupo están claros, cada uno cuenta con un responsable, por lo tanto sólo queda disfrutar de la salida. Nuestros hermanos de Valparaíso se unen al Padre Eduardo, por lo que deben apurar mucho el tranco debido a su ritmo fulgurante para caminar. Sé que conocen cada Iglesia y Capilla del centro de la capital argentina, en lo que se podría denominar como un “tour peregrinos de Buenos Aires”, lo que los priva de realizar las típicas compras de souvenires.
Me sorprendo con la capacidad de adquisición de algunos, se nota poder económico por sobre los precios que ofrece Buenos Aires – si no creen pregunten por nuestro amigo de Las Nieves (prefiero mantenerlo en el anonimato) que llevó regalos hasta para la mascota - , los que por cierto son caros en algunas cosas, pero convenientes en otras. La buena voluntad de los que se comprometieron con encargos no deja de llamar la atención, por ejemplo nuestro amigo Barra carga con más de un par de kilos, es lo que pesa la colección completa de Mafalda que algún amigo encargó. Bienvenidos al planeta del consumismo, los brazos se llenan con bolsas de alfajores, libros, compact disc, cartones de cigarrillos, productos de belleza, ropa, calzoncillos tipo boxers, etc, etc, etc. Este humilde reportero especula con su reciente compra: una camiseta de fútbol, adquirida con ahorros propios, ya que mi jefe no estuvo ni cerca de ofrecer gastos de representación.
En fin, estos momentos de relación con el mundo real sirven para preparar lo que se va a vivir en el encuentro, tantas horas de viaje se han compensado con un par de salidas turísticas que enriquecen la vista, sólo queda alimentar el alma. Por ahora sólo pido no volver a subir a un bus.
El grupo de animación (chileno) cumple a la perfección, los acordes van preparando el ambiente de fiesta, las dinámicas bailables contagian a todos los presentes, salvo algunas excepciones que se escudan en la avanzada edad. Compartimos con jóvenes argentinos de las comunidades de Nuestra Señora de Loreto, San Felipe de Neri y Luis Guillón, además de un grupito de italianos que se hacen notar por el idioma, los gritos (“¡¡¡foto!!!”) y la belleza de sus mujeres.
Tenemos la suerte de que nos acompañan a diario varios sacerdotes. Encabezan las eucaristías, llaman a la confesión y guían nuestro trabajo de espiritualidad. A cada uno Dios le habla, es personal saber dónde y cuándo, lo concreto es que se palpa una vida comunitaria donde se comparten experiencias, se hacen amistades, se alcanza un clima de oración (inclusive alguien de los que compartíamos el primer galpón de habitaciones del segundo piso, invitó a orar una noche, incluido el Angel de la Guarda) y se escucha la Palabra.
Tenemos una actividad de adoración atípica, donde “Sandro” entrega su canto y su impresionante retórica. Para nosotros no es usual tener Adoración al Santísimo en un ambiente informal con música fuerte, pero sin duda de que se valora la experiencia, a cada uno Jesús le habla, emociona y nos demuestra que un simple dolor de rodillas no significa nada en comparación al amor que nos tiene. La actividad se repite a la noche siguiente, pero esta vez la anima el vocalista del grupo Kerygma, una suerte de “loco cuarentero”, que con la música rockera orientada a la enseñanza de Dios, nos hace saltar como si se tratara de una tocata de los Chancho en Piedra.
A estas alturas ya se vive en comunidad, durante las comidas se comparte con los distintos hermanos, se forjan amistades - como la de este sensato periodista con un tal Pinki (Sergio), que por cierto es la envidia de mis admiradoras(es) – y se van descubriendo regalos que el Señor tiene preparados para cada uno, como las reflexiones que encontramos antes de ir a descansar. Se debe sumar la fortuna de tener comunión diaria sin movernos de nuestra posición, de carácter bilingüe y repleta de enseñanzas, como la que nos entregó el obispo de Avellaneda: “El próximo encuentro del que vamos a participar, será en la oración”.
La alegría con que se vive este segundo Kerygma es un factor importante, somos jóvenes cristianos comprometidos, alegres y dispuestos a entregar lo mejor de cada uno en pro de los grupos en que se participa, para ello existe una congregación que nos acoge y nos brinda la posibilidad de tener este tipo de encuentros, que por cierto se agradecen. Entre nosotros hay valores altos, que entregan enseñanza y son capaces de hablar con claridad, pasión y conocimiento acerca de lo que Jesús quiere decirnos. Ejemplo de ello son Haddy y Sebastián “Sófocles” Steinmeyer, quienes no dudaron en enfrentar al “respetable” (más de 100 participantes) y entregar su capacidad de oratoria, siempre iluminada a través del don de la palabra que nos da el Espíritu Santo.
No cabe duda de que cada uno podría aportar un matiz diferente a estas líneas, entregando su propia visión de lo que vivimos, pero de lo que estoy seguro es que en cada uno Dios sembró algo, queda en nosotros cosechar los frutos de este encuentro. Sólo queda agradecer a todos los miembros de la comunidad que ayudaron para que el Kerygma resultara, desde el apoyo financiero anónimo que se entregó con la venta de productos, la compra desinteresada de entradas a los “tallarines con salsa” (hablando en buen chileno), la adquisición de números de rifa que se acompañó con la fonda, la cooperación en la logística de estas actividades de muchos padres y jóvenes de la comunidad San Patricio, la compañía y ayuda de los sacerdotes de nuestra congregación... y lo más importante: la oración de todos ustedes, ya que sin ella nada de esto hubiera resultado tal como sucedió, Gracias a Dios que siempre escucha lo que pedimos.
Queda la espera para ver si se viene un tercer Kerygma. Ahí estaré, siempre y cuando el “medio”, o por lo menos mi jefe (checho, si no lo despiden), corra con los gastos propios que implica enviar a un profesional serio, solemne, formal, responsable e incorruptible al extranjero.
Finalmente, dada la línea editorial del medio, me reservo los detalles que muchos esperaban con respecto a la prensa del corazón. De amores, desamores, romances fugaces y otros hechos no pienso escribir, no transaré mis motivaciones periodísticas, que por cierto no van por esa veta. Salvo que a R.C., del grupo de A.S., se le vio muy interesado en una niña de Las Nieves...
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