Este año pude participar en las misiones tras dos años de sequía y lo hice a través de Misión País, una instancia organizada por universitarios para universitarios, dirigido desde la Universidad Católica, razón por la cual, muy dotada del amor a la patria y servicio a la Iglesia. 1600 jóvenes, repartidos de Arica a Punta Arenas, en grupos de 40, y entre ellos yo, en Panquehue, con un conocido, Rodolfo, hermano de la comjuv. Para mi sorpresa, a las misiones clásicas de salir a las casas se agregaba un fuerte componente de misión interna, vale decir para los mismos misioneros. Por esto tuvimos un día completo de retiro, y de sus actividades quiero rescatar una pregunta “¿Cuándo sentí el llamado de Dios?” La respuesta la escribí y quiero compartirla con ustedes:
“Busqué conocer “mi llamado” desde muy pequeño, qué deseaba Dios de mí para esta sociedad, ¿ser médico como mi padre?, ¿unirme a la guerrilla por la liberación de la opresión?, ¿ser padre de familia?, ¿descubrir la cura para el cáncer?... lo que buscaba era saber qué podría hacer yo por este mundo, siempre “qué hacer”… hasta que descubrí el llamado que estaba desde mi concepción y no era sólo uno sino que varios, compatibles y que sólo faltaba aceptarlos.
Se trataba de las vocaciones. La primera estuvo desde mi origen, la vocación a la santidad, y aunque era MÍ llamado, resulto no serme exclusivo, sino al contrario, universal. Ahí conozco la Fe y reconozco que no es simplemente creer sino dar decididamente la vida a Dios, desde mi estado. Este estado que también es acto de Fe, ya que es cómo respondo al amor de Dios. La respuesta? …el compromiso con mi Padre Celestial, Dios. Y al igual que todos mis hermanos, miembros de la misma Iglesia, camino con nuestra misión universal: Llevar y anunciar fielmente el mensaje de Jesús. Por esto vivo y muero. Para esto Dios me ha elegido, me ha preparado y me ha enviado”.
Contar en detalle lo vivido en misiones puede llegar a ser demasiado extenso y a la vez latero. Sin embargo les puedo contar el saldo final. Junto a mi pareja de misión del día (íbamos cambiando las parejas de misioneros día a día) visitamos unas 30 casas, con desiguales resultados, en algunas sólo conversamos desde la reja y en otras ocasiones estuvimos horas charlando con una familia… mientras escribo vienen a mi cabeza notables historias de vida y de profunda Fe. Al menos el tema al que siempre intenté dirigir la conversación fue a la importancia trascendental de la Eucaristía y a enseñar a rezar el rosario en familia. Pude notar también como otros misioneros dedicaban mucho tiempo a preguntar sobre la composición de la familia, otros a la relación entre los vecinos como también sobre el trabajo. A Rodolfo le tocó hacer mucha apologética (defensa de la Fe) ante evangélicos, adventistas, anglicanos, testigos de Jehová, ateos, agnósticos, etc.
Por la tarde se hacían talleres, quise estar en el taller de adultos (nunca lo había hecho). El tema central fue el amor cristiano y fue muy lindo compartir sus realidades, esta vez en más profundidad y con un componente pastoral más marcado, espero que quienes llegaron formen una pastoral más pronto que tarde.
La relación con mis compañeros misioneros fue bastante especial, porque éramos todos pares, de experiencias muy similares, destacando la recién creada pastoral de un campus (FACEA-FAU) de la Universidad de Chile, además de un contingente de otras universidades. A estos exponentes nacionales se nos sumaron 4 bolivianas y un alemán luterano.
De todos ellos aprendí un poco, de los jefes un espíritu de servicio a toda prueba, que me lo quisiera, de otros misioneros la dedicación hacia los niños, hacia los jóvenes (trabajo notable), hacia los adultos, de Carlos me remeció su interés por aprender, por formarse en la Fe.
A la valiosa experiencia de la Eucaristía diaria, tuve otro alimento espiritual importante, el testimonio de Daniela y Inés (dos de las bolivianas) practicantes de una oración muy intensa y personal, una entrega total al Espíritu Santo, comunicación especial y radiante. Creo que en esto es en lo que más pude crecer, en retomar mi oración personal, en re-enamorarme de Dios Padre, he sentido un fuerte empujón o más bien pinchazo del Espíritu Santo.
Tiempo de Misión, sin duda debe ser todo el año, pero el vivir una experiencia de misión de varios días entregado en un 100% a anunciar el mensaje de Cristo es algo incontenible, insondable, que produce un gozo tremendo, angelical.
Finalmente quiero rescatar algo que me llenó de felicidad. Durante los días de misión pude experimentar una identidad de Jóvenes de los HSMI, guiados por la figura de Frassinetti. En Rodolfo pude ver un espejo reconocible de nuestra identidad, aún cuando la experiencia de Dios es personal, es innegable que como comunidad lo vivimos también de un modo particular. Esto pude constatarlo, lleno de emoción, el Domingo en que volví y pude estar en la Santa Misa.
Doy gracias a Dios por la oportunidad que me da de ser su mensajero, a la comunidad por su apoyo sentido en la oración y a todos quienes hacen posible la realización de las misiones. Reafirmo mi compromiso por el trabajo por y para Dios, desde mi comunidad hacia el mundo.
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